Investigaciones sobre vacuna contra la gripe aviar

La ayuda del OIEA para dotar de equipo a los laboratorios y capacitar a científicos en el uso de técnicas de base nuclear para el diagnóstico rápido es fundamental. (Fotografía: Laura Gil Martínez/OIEA)

Hoy en día la variante H5N1 sigue activa en muchas regiones y existen controles estrictos en todo el mundo para evitar su propagación

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Texto e imagen: Organización Internacional de Energía Atómica (IAEA por sus siglas en inglés)

En la mayoría de los casos, la gripe aviar afecta a las aves de la misma manera que la gripe afecta a las personas: algunas no sienten nada, otras desarrollan síntomas leves y, en algunos casos menos frecuentes, los seres infectados mueren. Al igual que el virus de la gripe humana, el virus de la gripe aviar está en constante mutación y ha evolucionado dando lugar a muchas cepas diferentes. Algunas de ellas pueden ser más contagiosas o letales que otras, y causar lo que se conoce como gripe aviar hiperpatógena, y otras tienen el potencial de transmitirse a los seres humanos. Por ende, hacer un seguimiento de la evolución de un virus y encontrar soluciones para mantenerlo controlado es una cuestión de salud pública.

En 1996, apareció por primera vez, en China, una variante agresiva (hiperpatógena) del virus de la gripe aviar conocida como H5N1. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), para 2003 esa variante se había convertido en un problema a escala mundial y los brotes que surgieron en todo el mundo causaron la muerte de millones de pollos y daños por valor de miles de millones de euros. La industria avícola de todo el mundo sufrió pérdidas y en todas partes las autoridades se apresuraron a imponer medidas de control para limitar los efectos de la enfermedad. Los pequeños productores y agricultores de Asia oriental y sudoriental se vieron particularmente afectados.

La gripe aviar H5N1 es una enfermedad zoonótica, lo que implica que puede transmitirse y contagiar a personas que están en contacto estrecho con aves infectadas. Si bien el número total de contagios se mantuvo relativamente bajo y no hubo casos de contagio entre seres humanos, las consecuencias para las personas más infectadas fueron graves. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de que en 17 países solo hubo 862 casos de infecciones en humanos por gripe aviar H5N1 entre 2003 y 2020, pero más de la mitad fueron mortales.

Hoy en día la variante H5N1 sigue activa en muchas regiones y existen controles estrictos en todo el mundo para evitar su propagación. Pero en cualquier momento pueden aparecer nuevas variantes agresivas que afecten gravemente al comercio internacional, la salud pública, el turismo y los viajes internacionales, así como a los medios de subsistencia de los avicultores. Los científicos están buscando nuevas soluciones para controlar el virus.

La vacunación como parte de la solución

Además de hacer un seguimiento del ganado con el fin de detectar enfermedades, es fundamental aplicar de forma consecuente los protocolos sanitarios y otras medidas, como la vacunación, para contener la gripe aviar. Sin embargo, la mayoría de los métodos de desarrollo de vacunas siguen un proceso complejo y prolongado. Una técnica nuclear que se está desarrollando actualmente en los laboratorios del OIEA y la FAO en Seibersdorf (Austria) podría ayudar a acelerar el desarrollo de vacunas y a atacar las cepas de forma más eficaz.

“El OIEA cuenta con conocimientos técnicos punteros en el ámbito nuclear. Al mismo tiempo, también tenemos una vasta experiencia en materia de inmunología de la sanidad animal —indica Giovanni Cattoli, Jefe del Laboratorio de Producción Pecuaria y Salud Animal del Centro Conjunto FAO/OIEA de Técnicas Nucleares en la Alimentación y la Agricultura—. Esta combinación hace que nuestros laboratorios estén bien posicionados para investigar y desarrollar vacunas nuevas e innovadoras para animales”.

El método que se está examinando actualmente sigue el principio de producir vacunas mediante la inactivación de virus, es decir, incapacitándolos para infectar células y reproducirse. Cuando estos virus inofensivos se inoculan en el ganado, el sistema inmunológico de los animales descubre sus propiedades y puede preparar una defensa específica contra la verdadera infección.

Más rápido y más eficaz

Al inactivar los virus es fundamental que su estructura física se mantenga lo más intacta posible. De esa manera, el sistema inmunológico los reconoce como virus y puede responder eficazmente a futuras infecciones virales. Los científicos llaman a esta propiedad “inmunogenicidad” y procuran preservarla en los virus inactivados para fabricar vacunas eficaces. Esto se logra mediante la irradiación de virus.

Las estrategias predominantes de producción de vacunas incluyen el uso de métodos de inactivación química o térmica, que pueden dañar los virus y destruir su inmunogenicidad. Exponer los virus a dosis predeterminadas de radiación podría dar mejores resultados, ya que ese método preserva mejor sus estructuras.

“Preservamos la estructura de las proteínas del virus utilizando la cantidad exacta de radiación necesaria. Así, el sistema inmunológico reconocerá mejor la infección y la combatirá de forma más eficaz”, dice Viskam Wijewardana, científico principal del OIEA en materia de desarrollo de vacunas e inmunología.

“Con este método de irradiación tenemos la posibilidad de atacar nuevas cepas de virus que están en constante evolución y de hacerlo de forma más rápida y eficaz que con los métodos que se emplean actualmente en el sector. En última instancia, esto podría ayudar a salvar más aves y, potencialmente, vidas humanas”, dice el Sr. Wijewardana. El OIEA está realizando experimentos con miras a averiguar cuánta radiación se necesita para producir una vacuna eficaz.

Una vez se ha procedido a irradiar el virus, científicos del OIEA utilizan microscopia electrónica para investigar la integridad estructural de este. Con el tiempo, los datos recopilados en esos experimentos proporcionarán conocimientos sobre la cantidad de radiación necesaria para lograr resultados óptimos. Otras pruebas permitirán determinar si la respuesta inmunitaria provocada por este prototipo de vacuna aún puede reconocer y neutralizar el virus infeccioso y proteger así a los animales de la enfermedad.

El OIEA y la FAO publicarán los resultados de la investigación con acceso libre a la comunidad científica, que podrá aprovechar esos datos para desarrollar y fabricar vacunas. Si la estrategia propuesta tiene éxito, podría ayudar a producir vacunas para luchar contra nuevas variantes de virus de manera relativamente rápida y eficaz con relación al costo. También podría ayudar a tratar futuros brotes de gripe aviar y otras enfermedades animales y zoonóticas transfronterizas.

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